|
|
|
El Barco de Ávila parece tener sus remotos orígenes en la edad del bronce, en esta época nebulosa se adivina la erección del Barco. Surgen las casas de piedra, leña y barro en una colina cuyas laderas del norte y poniente llegan hasta el cauce del rio. Mas tarde dejan una raigambre muy especial los vetones, dentro de la gran invasión de los íberos. Los romanos dejaron muestras de sus espléndidas obras, una de ellas la calzada romana cuyos vestigios pueden observarse a escasos metros de la Ermita del Cristo y que salvaba el río Aravalle por el puente de las Aceñas.
En el lugar donde hoy se alza
el castillo de Valdecorneja se asentaba un castro vetón que se considera
el primitivo núcleo de población. 
Los romanos alzaron otro puente de arcos irregulares sobre el Tormes para unir las dos márgenes del río y al mismo tiempo, proseguir la ruta que venía del norte y se dirigía a tierras extremeñas.
Los árabes sometieron a estos pueblos durante casi cuatro siglos, dedicándose afanosamente a la mejora de la agricultura y a la construcción de pozos de agua potable. En aquella época casi todas las casas de la calle Mayor lo tenían. (los pozos eran muy necesarios para abastecerse de agua en los asedios del recinto amurallado)
Los nombres de Navalmoro, Navamorisca y Navamures recuerdan la ocupación mahometana.
Los judíos también habitaron esta tierra, dedicados a ejercer los más provechosos y artísticos oficios, expansionándose su comercio de manera ostensible. Aún quedan restos de sus antiguos telares junto al río, donde se hilaban los tejidos de lana que se comercializaban por todo el reino.
Desde el reinado de Alfonso VI este castillo fue bautizado con el nombre de Valdecorneja, siendo cedido por el monarca a su hija Doña Urraca, que ostento el primer titulo señorial del territorio. El pueblo perteneció al señorío de Valdecorneja, bajo la protección del gran duque don Fernando Álvarez de Toledo, que fijó en la fortaleza su segunda residencia. Vivieron en el alcázar el primer Duque de Alba don García Álvarez de Toledo, la Duquesa doña María Segunda, su hijo don Fadrique y los sucesivos dueños de la zona.
Entre los personajes oriundos de estas tierras hay algunos que han pasado a la historia por su participación en el descubrimiento y la conquista de América: el padre Pedro de la Gasca, miembro del Consejo Supremo de la Inquisición, que ayudó a pacificar el territorio peruano y fundó las ciudades de La Paz y de El Barco; Juan del Barco, navegante de la Santa María, una de las tres carabelas de Cristóbal Colón, y Juan Maldonado y Ordóñez de Villaquirán, fundador de la villa venezolana de San Cristóbal.
La principal actividad económica de los barcenses es la explotación ganadera. Se complementa con la producción agrícola, pues se cultivan especialmente judías blancas y diferentes frutales, abundando las variedades selectas de "reineta blanca del Canadá" y "verdedoncella" en manzanas; como asimismo las peras de "agua", de "Aranjuez" y de "Roma".
El turismo es una actividad
en auge desde época reciente. La comarca en la que se encuentra El Barco
de Ávila ha participado en los últimos años en un plan
de desarrollo rural financiado por la Unión Europea. Uno de sus objetivos
principales consistía en dotarla de la infraestructura necesaria para
albergar y atender al llamado turismo verde, que encuentra aquí una zona
ideal como punto de partida de excursiones por el valle y el Parque Regional
de Gredos.
El Barco de Ávila mantiene interesantes vestigios arquitectónicos. El castillo de Valdecorneja es, sin duda, uno de los más admirables. Se levanta sobre el antiguo castro vetón ocupado por los romanos. El primitivo edificio corresponde al siglo XII, aunque fue reconstruido a finales del siglo XIV.

Es de perímetro cuadrangular, con cuatro torres cilíndricas que rematan sus esquinas. Su estructura original se componía además de foso, contrafoso, rastrillo, el palomar situado al oeste y las amplias caballerizas. Su principal acceso es una puerta con arco gótico de grandes dovelas, flanqueada por la torre del Homenaje, única que conserva en toda su pureza el modelo de arco granítico, de medio punto, que enmarcaba la entrada de varios aposentos.
En su interior existía un patio de armas con un surtidor en el centro y una galería de arcadas y columnas románicas adornadas con una magnifica crestería gótica conservándose un retaco de la misma en una casa de la plaza Mayor. En la planta baja se alojaba la servidumbre y los soldados.
El Castillo ha sido restaurado varias veces respetándose su perímetro original. Sus viejos muros nos hablan de las importantes reparaciones efectuadas a lo largo de su historia, al haber sufrido diversos ataques, bombardeos e incendios que lo deterioraron seriamente. Al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX se habilitó como cementerio municipal siendo mayor su deterioro al arrancar el pavimento y abrir anárquicas oquedades en sus muros. Ha habido una restauración reciente del pavimento y la torre del Homenaje, y ahora el recinto sirve como escenario de distintos eventos culturales.
De las antiguas murallas sólo permanecen algunos vestigios, como la puerta del Ahorcado y un pequeño vestigio de la puerta del puente, señalada por un azulejo indicador..
Otra manifestación arquitectónica es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que data de dos épocas muy diferenciadas: la bizantina del siglo VII y la gótica del XIII.

Nuestra iglesia mayor tiene planta de cruz latina, cuya cabecera está situada al oriente y con una superficie de 1.100 m2.
Consta de tres naves rematadas por ábsides y bóvedas de crucería, siendo la central más elevada y amplia que las laterales. Su fachada se adorna con ventanas ojivales, y la torre del campanario, con pináculos añadidos en el siglo XV. En su interior se guardan algunas valiosas obras de arte, como el monumental retablo barroco de finales del XVII, la fabulosa rejería forjada del siglo XVI, el coro del siglo XV junto al cual hay un maravilloso órgano barroco, el Cristo de la Agonía, mal llamado "Cristo Negro ",varias pinturas diseminadas entre sus muros, las piezas expuestas en el Museo de Arte Sacro y la imagen de la Virgen de la Silla esculpida por Felipe Vigarny, del siglo XVI.
El llamado "Puente Viejo" tiene todos los caracteres de la arquitectura romana, anchas pilas de sillares almohadillados, machones, estribos y ocho arcos todos distintos. El actual es un puente alomado con ocho arcos. Hasta el siglo XIX se alzaba una artística torre en el centro, que fue destruida por las huestes francesas.
Otros edificios de interés que se pueden ver en el interior del pueblo son: el de la Cárcel, del siglo XVII y las Casas de los Balcones y de la Restauración, de época medieval. El Barco de Ávila guarda en sus calles y en sus piedras el recuerdo de su historia y los restos de antiguos pobladores, pues judíos, árabes y cristianos han pasado por aquí y aprovechado su magnífico enclave. La fortaleza acotada junto al río, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y las murallas son sólo algunos testimonios de su pasado.
Copyright © 2003 Gaspar Martín
Gómez. Reservados todos los derechos.
Revisión:
28 de diciembre de 2008